El Independiente Rugby Club vive una feria de la naciones permanente. Jugadores de los cinco continentes defienden los colores del club con más solera de Cantabria. En este equipo sin fronteras, no importa cuál sea el idioma, la religión, las costumbres o el lugar de procedencia, a los verdes les une el rugby. Los neocelandeses Jason Merret y Gary Redmond, desde el continente de Oceanía; el senegalés Niang Mbakha (todos le llaman 'Momo') desde África; el argentino Rafael Leonardo Varela desde el continente americano; el filipino-malayo Ronaldo Yap desde Asia; y el santanderino Iván Peña 'Bachi' portando la bandera de Europa, son una buena prueba de esa 'alianza de civilizaciones' que tan de moda han puesto los políticos. Todos estos jugadores han llegado a Santander con un objetivo. Algunos quieren raíces en esta tierra y otros esperan que esta visita sea una experiencia más de la vida, por eso sus historias son tan diferentes.
La de Jason Merret y Gary Redmond es prácticamente la misma. Los dos neocelandeses viven en una ciudad llamada Christchurch, que pertenece a la región de Canterbury y que se encuentra al este de Nueva Zelanda, una de las cunas mundiales del rugby. Tanto Jason como Gary no tuvieron pereza para cruzarse el mundo y presentarse en Santander cuando comenzó la liga, hace ahora tres meses aproximadamente. «La liga en nuestro país terminó y por eso vinimos a jugar aquí. Estaremos aquí hasta abril», dice Gary de 21 años de edad y que está encantado con la experiencia santanderina. Fue su entrenador en el Christchurch FC, Brad Mooar, que en Santander es recordado por su etapa como jugador del Independiente, el que hizo que Gary y Jason recalasen a la capital cántabra para ayudar al conjunto verde. Aunque no sólo de rugby viven estos dos veinteañeros neocelandeses en Europa. «Este viaje es para jugar al rugby y para pasarlo bien. Hasta ahora hemos hecho viajes y hemos conocido París, Venecia, Roma, Londres..». Lo que menos les gusta de Santander a Merret y Jason es la lluvia y lo que más, como no podía ser de otra manera, es la comida. «La tortilla de patata y el jamón está de 'puta madre'», saben decir ya en castellano.
3.000 kilómetros
El senegalés Mbakha Niang, al que todo el mundo conoce como 'Momo', llegó a España en un cayuco. Los 3.000 kilómetros que separan su ciudad, Dakar, de las costa del sur de España estuvieron llenos de calamidades, pero 'Momo' prefiere no hablar de ello, y a sus 35 años se toma la vida con una sonrisa que contagia. Vive con su hermano mayor, y además de entrenar con el Independiente desde hace sólo medio año, trabaja como portero de discoteca. Es lo que tiene lucir un físico impresionante. 'Momo' no tiene problemas con nadie y es el jugador más querido del equipo. El entrenador del Independiente, Nemesio Ochoa, cuenta como en un desplazamiento en el que el equipo tuvo que quedarse a pasar la noche en un hotel. «Todos los jugadores bajaron a desayunar en el hotel -resume Ochoa- y Momo dejó el bufete del desayuno temblando, y cuando estábamos todos en la mesa nos pusimos a hablar del partido que teníamos que jugar y de otras cosas, pero cuando le preguntamos a él sobre qué opinaba, nos contestó tajante: «Momo no habla; Momo come». «Es un fenómeno», aseguran todos sus compañeros. El senegalés juega en la segunda línea y aunque todavía le falta técnica, lo suple con físico. Sus casi dos metros de puro músculo impresionan a cualquier rival. Lo que 'Momo' quiere ahora es legalizar su situación en España «ya estoy haciéndome los papeles», y seguir disfrutando de un deporte que le ha dado muchos amigos en un país que no es el suyo.
El sudamericano Rafael Leonardo Varela es un trotamundos. Desde su Chaco natal (norte de Argentina), emigró a Italia hace casi nueve años. Pasó siete en Feltre, un pueblo de la región de Veneto, jugando al rugby en el equipo local, que militaba en la Segunda división de la República. Y hace año y medio se trasladó a Santander. «Vine de vacaciones a ver a mi hermano y demás familia, y ya no me echan ni con agua hirviendo», ríe. Rafael, que trabaja en una empresa de seguros y funeraria, confiesa que le costó más adaptarse a la vida en España que a Italia. «En Italia me abrieron más las puertas en todos los sentidos, pero aquí la gente está un poco cerrada con los extranjeros. Me ha salvado el equipo de rugby, en el que he encontrado amigos y gente con la que compartir experiencias», exclama Rafael, que ni tiene intención de volver a Argentina. «Regreso cada año a ver a mis padres y con eso ya vale», cuenta Rafael, que mantiene el contacto con su gente de Italia y Argentina a través de las redes sociales. Internet ahora hace que el charco que separa Europa de América no sea tan grande.
Un ciudadano del mundo
El asiático del Independiente es un 'santanderino-canario', de padre malayo y madre filipina cuyo nombre es Ronaldo Yap. Nació en la capital cántabra hace 26 años y poco después se trasladó con su familia a vivir a las Islas Canarias. Sus padres siempre lo han educado en la cultura oriental, algo que enorgullece a Ronaldo. «Crecí hablando filipino, malayo, español e inglés y creo que desde pequeño he cogido lo mejor de la cultura europea y lo mejor de la asiática. Yo la verdad es que me siento ciudadano del mundo. Cuando hablo de Filipinas o Malasia, lo siento como algo mío; y cuando salgo de aquí me siento muy cántabro y muy español», explica este santanderino de ojos rasgados. Su físico, del que se siente muy orgulloso, también le ha causado alguna situación incómoda. «A pesar de ser de aquí, mucha gente me ha hecho sentir que, por mi aspecto, no soy de aquí», dice el mayalo-filipino-español. Antes de jugar al rugby, Ronaldo practicó balonmano (Agustinos, Teka, Pereda y Escuela Municipal) y lo que es más curioso, bailes de salón. Actualmente juega como pilier en el Independiente, estudia Empresas y trabaja en el negocio familiar, un famoso restaurante asiático de Santander. «No me sobra ni un minuto al día».
El más europeo
El más europeo de todos es el santanderino Iván Peña, 'Bachi'. Tiene 24 años y lleva 10 luciendo los colores del Independiente. «Soy un jugador de cantera. Cuando yo empecé a jugar en este club, éramos cuatro chavales y todos de aquí. Ahora hay en el equipo gente de todas partes, y sobre todo gente de sitios en los que el rugby es un deporte nacional. Ellos nos enseñan a vivir el rugby como se vive en sus países y eso enriquece a a todo el equipo», cuenta 'Bachi', estudiante de Fisioterapia.
El santanderino es un enamorado del rugby, 'el deporte de bestias jugado por caballeros'. Le gusta el ambiente que hay en su equipo y el que hay en los equipos rivales, la deportividad que se vive en el campo y como no, el tercer tiempo. «Cuando perdemos bebemos cerveza, aunque con remordimientos, pero cuando ganamos nos tiramos casi doce horas de juerga», ríe 'Bachi'. Este año las cosas van bien en el equipo y los terceros tiempos sin remordimientos son más habituales. «Ha habido un cambio de coach, ha regresado Nemesio, y estamos jugando bien, aunque la liga es larga y dura», advierte 'Bachi'